jueves, 4 de enero de 2007

Mi última poesia.

Amigos míos, aquí estoy de nuevo, quiero compartir con vosotros la última poesía que he escrito, la escribí después de la muerte de Hélena.
Hélena es, era, la chica que cautivó mi corazón y logró que me enamorara cuando ni quería ni esperaba hacerlo.
Como la mayoría de las personas, me forjé una idea de la clase de chica de la que quería de enamorarme, pero “el corazón tiene razones que la razón desconoce” y a pesar de mi racionalismo me venció la irracionalidad de mis sentimientos.
Pero no me arrepiento, a pesar del dolor, despertaron en mi algunas virtudes aletargadas y me ha ayudado a comprenderme mejor; no sé si el dolor fortalece, eso es lo que dicen, pero yo puedo confirmarlo, pero si que me ha hecho más humilde.
Se supone que estas experiencias tan traumáticas cambian nuestra forma de ver la vida, pero en mi caso no ha sido así.
Ya lo comprobé cuando mi hijo casi se mata en accidente a principios de este año, durante los diez días que estuvo en la UCI, estaba aturdido, caminaba por la calle como un zombi y mis reacciones eran exasperantemente lentas, cuando reaccionaba.
Pero ninguno de mis sentimientos, convicciones o esperanzas cambiaron; creo que ello se debe quizás porque he llegado a un nivel en mi evolución personal en el que ahora me afectan mucho menos los factores externos de lo que me afectaban antes de reconciliarme con migo mismo.
Sé que me falta mucho por evolucionar y que nunca terminaré de hacerlo, pero creo que he llegado a un nivel en el que controlo mucho mejor mi progreso.
Bueno, por hoy he tenido bastante terapia, recibid mi más profundo afecto, Alscissorhands.

Feneció mi ángel con las alas cubiertas de barro
feneciendo con ella el ánimo de mi esperanza.

Recorro el camino de mis recuerdos junto a ella
recorriendo el vestigio de mi nostalgia por ella.

Perdí a la amiga cuyo aprecio del sopor me despertaba
perdiendo con ella el arresto para lidiar hoy y mañana.

Desperté a un sueño cuando gozaba de su proximidad
despertando súbitamente a las tinieblas de su ausencia.

Cerró sus celestes ojos cuyo fulgor ya no volverá a brillar
cerrando con ella la puerta que me guiaba al paraíso.

Contengo las lágrimas que ahogan mi espíritu
conteniendo el grito que encierra mi cólera.

Sucumbí a los encantos se su maravillosa sonrisa
sucumbiendo hoy en al abismo de la desesperación.

Lidié fogoso contra el demonio dominador de su albedrío
lidiando ahora contra súcubo demoledor de mi resolución.

Expiró el aliento que me sanaba con su dulce susurro
expirando con ella el consuelo para mi desasosiego.

Recorro el desfiladero de la nostalgia por ella
recorriendo el rastro de mis recuerdos junto a ella.

Desobedecí los decretos injustos que la discriminaban
desobedeciendo ahora impulsos que inducen a olvidarla.

Profesé por ella mi devoción y mi fascinación
profesando por su trágico recuerdo mi lealtad.