Me arrebató el maligno a la muchacha rescatada
para devorar sus entrañas y saciar su afán,
mas yo, guerrero abatido de figura magullada
maldice la torpeza que permitió tal desmán.
Tendido quedé contra el suelo, brecha hendida en la sién
mientras ríe el adversario pues, vencido fui en esta lid,
abatido he sido muchas veces, más aún que cien
mas tantas otras me incorporé a batallar cual adalid.
Se mofa el perverso pues obtuvo el preciado botín
orgulloso se jacta que consiguió lo que vino a reclamar,
retiene a la joven de mis entrañas encadenada a su fortín
presa para su apetencia a la que no maquina liberar.
Contemplo horrorizado que ella consiente su depredación
y cual dócil oveja se somete a tan draconiana soberanía,
en su mirada no atisbo ni un ápice de sublevación
censurándome por pretender librarla de tal tiranía.
Vencido fui mas no por fue por ineptitud ni debilidad
tampoco del enemigo fue el mérito de tan fácil captura,
que si la muchacha no hubiera otorgado su complicidad
liberta estaría del cruel yugo que letalmente la fractura.
Más juro que no me someteré al tan cruel y terrible designio
paciente esperaré el momento presto a luchar en tal cruzada,
en cuanto ella clame por liberarse de tan ignominioso dominio
no vacilaré en pugnar por la muchacha por mi para siempre amada.
Cuando aquello que tanto amabas te haya pisoteado
y los recuerdos hermosos se tornen amargos y ponzoñosos,
mi amada, mi soñada, mi esperada,
sin reproches, estaré esperando que vuelvas a mí.
Cuando dolorida y cansada mires al cielo buscando partida
y este en respuesta, cual tormenta, sobre ti se desmorone,
mi estimada, mi admirada, mi alabada,
sin condenas, estaré esperando que vuelvas a mí.
Cuando la última luz al apagarse ciegue tu esperanza
y tus pasos errantes te conduzcan al tenebroso averno,
mi talentada, mi agraciada, mi iniciada,
sin excepciones, estaré esperando que vuelvas a mí.
Cuando la tierra al abrirse te exponga al filo del abismo
y las dudas flagelen tus más recónditos pensamientos,
mi comprendida, mi completada, mi aceptada,
sin limites, estaré esperando que vuelvas a mí.
Cuando conjure el pasado imponiendo su dictado
y el voraz presente se aferre coartando al destino,
mi bendecida, mi implorada, mi venerada,
sin sanciones, estaré esperando que vuelvas a mí.
Cuando el alcance de la palabra se torne indeterminado
y la promesa se extinga por insidiosa y falsaria,
mi abrazada, mi arrullada, mi acariciada,
sin reservas, estaré esperando que vuelvas a mí.
Cuando descubras pesarosa que tu sentencia a infierno
y expiada, cancelada y perdonada hace mucho quedó,
mi merecida, mi concedida, mi alcanzada,
sin dilaciones, estaré esperando que vuelvas a mí.
Hola mis queridas/os amigas/os, como habréis imaginado los que habéis leído este blog desde el principio, estos son dos de los poemas que escribí para Helena.
Los escribí cuando aún vivía y volvió a su mundo de dependencia, mundo del que anhelaba desesperadamente salir, pero cuyas cadenas que por tanto tiempo la habían atado no pudo romper.
Mi relación con Helena me forzó a conocer un mundo totalmente ajeno a mi del que solo tenia referencias indirectas y, aunque perezca extraño, de ese contacto aprendí mucho sobre mi.
Quizás algún día me decida ha hablar de mi fugaz experiencia con ese mundo de desolación del que me alejé apesadumbrado y no solo por la trágica muerte de Helena.
Cuando pienso en ella siento la necesidad de escribir para aliviar mi alma, la tristeza que he experimentado me empuja a escribir y tristemente me siento más inspirado cuando la melancolía invade mi corazón, quizás sea cierto lo que dijo Gilbert Bécaud: “las canciones más hermosas son siempre las más tristes”.
Mi relación con Helena ha sido una de las más duras pero también una de las que menos me arrepiento, ella pudo sentirse amada en medio del infierno y yo descubrí que no soy tan bulcaniano como creía.
No sé cuantos seguíais la serie Star Trek, la primera, mi personaje favorito era (y sigue siendo) el Sr. Spook, admiraba esa capacidad de los de Vulcano de vivir sin emociones irracionales, y por tanto libres del sufrimiento que las acompaña.
Soy más cerebral que emotivo, pero cuando mis sentimientos emergen con gran intensidad, paradójicamente me dejo llevar por ellos como me ocurrió con Helena.
Sinceramente, aunque estoy convencido que si pudiera prescindir de ellos la vida sería más productiva y menos complicada, no me siento dispuesto de momento a excluirlos de mi vida.
Recibid mi más cordial abrazo, con mucho afecto, Alscissorhands.

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